¿Despedir Abogados en tiempos de crisis?


En época de crisis lo normal es reducir gastos. A eso especialmente todo el mundo se apunta y parece como fácil. Menos ventas igual a menos horas de producción, quitamos gastos de producción y asunto concluido. Desde una aproximación primera no parece una mala idea.

 

Sin embargo una segunda reflexión en relación a esta cuestión nos hace caer en alguna pregunta incómoda: ¿Hacia dónde va nuestro despacho?. Porque lo cierto es que si nuestro planteamiento es simplemente sobrevivir, la acción comentada parece adecuada, pero cuando existe un objetivo superior a la mera supervivencia y con vocación de obtener unos márgenes razonables que compensen el riesgo, las horas de dedicación y el beneficio lógico de una actividad empresarial, parece que habría que contemplar estrategias menos cortoplacistas.

 

Porque ¿qué pasará cuando la crisis como todas supere su curva descendente y empieza a remontar?¿De dónde vamos a sacar entonces abogados adecuados, formados y con la experiencia suficiente como para afrontar los encargos de producción que no seremos capaces de ejecutar por carencias de personal?. Formar un abogado no es una cuestión simple ni corta en el tiempo, La facultad de derecho no produce buenos abogados, eso lo hace el entrenamiento, la experiencia y el tiempo. El principal recurso de un despacho de abogados es el talento humano y el conocimiento y la práctica del derecho acumulados durante años de ejercicio, así que no parece idea sensata desprenderse de los abogados formados de un despacho así porque sí cuando pintan bastos en ventas.

 

Ahora bien, ¿Cuál es entonces la propuesta? ¿soportar sus sueldos mientras no vienen las ventas o no se recupera el mercado a costa de pérdidas?. No parece esa tampoco una solución amable ni adecuada.

 

Como siempre aquí lo óptimo es enemigo de lo bueno. Mantener no es buena idea, desprenderse tampoco. Buscar un camino intermedio entre una y otra opción parece la idea más viable. Veamos maneras:

 

–        Favorecer entornos de contratación y producción acordes con la demanda del despacho, es decir, perder parcialmente al letrado, intentando ayudarle para que cace lo que le falta  y garantizarle lo que razonablemente le podemos dar para producir.

–       Deshacerse de la pesada cuestión del sueldo fijo para pasar a variable, ( toda una técnica que merece un post aparte…o una clase entera)

–       Eliminar el puesto fijo pero establecer una política de outsourcing con el letrado saliente para que pueda colaborar con nosotros durante las puntas de trabajo.

 

Estas sin algunas de las opciones, probablemente haya más, pero lo cierto es que a una primera reacción consecuencia del entorno y de la angústia cuando las ventas van mal, debiera seguirle una reflexión más profunda sobre la dirección de nuestro modelo de negocio y que razonablemente intente conservar los abogados que tanto esfuerzo y horas nos costó formar…no por una cuestión humanitaria, sino porque en el fondo acabara siendo lo más rentable.

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