¿Es la Abogacía una profesión libre?


Cuando veo a muchos abogados, amigos de este blog y no, corriendo de arriba a abajo como locos intentando llegar a sus obligaciones y consiguiéndolo la mayoría de las ocasiones tarde y mal, sin ningún control sobre sus vidas profesionales ( o más bien poco) y arrastrando lógicamente este descontrol más tarde y más temprano a sus vidas familiares o personales pienso cada vez más que ese porcentaje de la profesión que según el Consejo General del Poder Judicial :

“Tiene dos o menos abogados con gestión del propio despacho caótica o ineficiente y con políticas de precios indeterminadas.”

Lo cierto es que cada vez es más complicado llegar “a todo” y con independencia de tamaños  (repito!!!:  con independencia de tamaños) o se apuesta por opciones más empresariales o la realidad es que somos esclavos de un modelo de negocio aprendido o intuido por nuestros colegas o antecesores de un pasado que nada tiene que ver con nuestro competitivo presente y que nos condena a ir constantemente con la lengua fuera simplemente en muchos casos para sobrevivir y mal.

De lo que se puede hacer en este blog a nivel de técnicas de gestión  hemos hablado y mucho y seguiremos hablando más,  pero hay una cuestión “filosófica” si se quiere, de “actitud” respecto a lo que sucede que inevitablemente hay que cambiar para olvidarnos para siempre del abogado que corre, que es incapaz de “querer”,de ser libre, de juzgar por si mismo, convirtiéndose en un robot autodisciplinado que casi nunca consigue su objetivo de calidad ni de libertad, porque constantemente el entorno de la profesión le esta diciendo lo que debe querer y cómo debe vivir.

Hoy toca pues identificar cadenas que nos atan y que no dejan exactamente que seamos exactamente una profesión libre:

a) Un entorno que “asume” al abogado individual de toda la vida como el “hombre orquesta” del circo que sabe y sabe de todo y que no importa que sea especialista o no, lo que importa es la confianza que hay en él. Sin embargo cuando “obligatoriamente” el abogado especialista en todo falla, entonces surgen los mitos y dichos que todos pagamos respecto a lo que son los abogados.

b) Los Colegios profesionales y sus políticas actuales que asumen el papel de directores de despachos de esa gran mayoría de abogados individuales a los que paternalistamente les dicen lo que tiene que hacer para continuar “sobreviviendo” con un discurso poco adaptado a un entorno actual que pide muchisima más calidad técnica al abogado y unos abogados que quieren trabajar por cuenta propia para “ganar dinero”, no para sobrevivir.

Esta limitación podría ciertamente convertirse en un vehículo liberador si mutasen muchas de sus políticas conservadoras más propias de un brillante pasado de la profesión que difícilmente va a volver. Lo cual implicaría mover ficha respecto a temas como “la colegiación obligatoria”, “el reparto de las migajas del TO entre miles de abogados” que hoy sólo pueden vivir de él, la derogación de determinadas normas de deontología trasnochadas como las que regulan la publicidad y los honorarios, asi como otras normas que favorecen la existencia y mantenimiento del “soldado de a uno” que cada vez lo tiene peor para sobrevivir.

Como dice Luis Berenguer Presidente de la Comisión Nacional de la Competencia: “Los colegios o se adaptan a la realidad o terminarán desapareciendo producto de su anquilosamiento”, afirma. Quiero recordar que la Comisión acaba de recomendar suprimir la colegiación obligatoria ( en aras al derecho a la libertad de asociación y de competencia) y las reservas de actividad a una única titulación. ( En este punto reconozco al ICAB como líder en muchas cosas “modernas” aunque ciertamente aún le queda un largo camino que recorrer…respecto a otras)

c) Cierto “individualismo” del colectivo que lleva a la convicción absoluta de que no es posible ninguna otra forma de ejercicio de la profesión que no sea la estrictamente artística e individual que ensalze la figura suprema del abogado.

d) La ausencia de entornos formativos de calidad que apoyen y ayuden al abogado a ser empresario, más grande o más pequeño, pero empresario al fin.

En definitiva que una profesión muy libre…pues la verdad no parece que seamos, más bien esclava de lo “conocemos” pero “ya no funciona”.

Liberarse de asunciones y prejuicios del pasado es el primer paso…y “pararse a pensar” es el camino. Claro que “pararse” parece como casi imposible…pero hay que hacerlo para poder “parar” de una vida que no queremos.

Como siempre..la elección es de cada cual !!!!

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a ¿Es la Abogacía una profesión libre?

  1. Cristina de canals dijo:

    Totalmente de acuerdo. Nadie nos enseña a dirigir el despacho como empresa, sino que se nos supone una vocación casi religiosa que implica una dedicación incondicional al cliente. Y eso pasa factura! Hay que saber priorizar y decir que no, pero cuesta aprenderlo .

  2. Pilar Rocha dijo:

    Gracias, Josan! eres mi pepito grillo!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s